Relación de Pareja: De la Fusión hacia la Alienación

Según el principio de la ley de atracción, por medio del poder magnético del Universo, la energía de un tipo atrae a la energía del mismo tipo. Cuando dos partículas se unen para formar una molécula, ambas comparten una energía en común que las ha atraído juntas y en esta unión comparten información.

Del mismo modo, cada uno de nosotros viajamos con un equipaje formado de nuestras características físicas, emocionales, mentales, socioculturales, financieras, educativas y cualidades diversas que forman nuestra singularidad. Este equipaje nos convierte en imanes con facultades magnéticas de atraer. Este poder magnético nos une al otro en vínculos relacionales potentes y cuando esto ocurre, somos como dos moléculas con una zona de interseccionalidad, en la cual elementos de nuestros equipajes respectivos se han atraído mutuamente, se han entrelazado para crear entre los dos un punto de anclaje. Este vínculo se vuelve tan fuerte, tan placentero, que mientras que lo que nos une no es nada más que la intersección entre dos círculos, tenemos la impresión de una fusión completa con el otro, como si los dos círculos formaran uno. En este estado de fusión, todo lo que se vive es puro sentimiento de maravilla, euforia, contemplación, intensidad, pasión… una celebración de la inseparabilidad.

Por otro lado, si somos ambas bandas magnéticas regidas por la ley de la atracción, estamos de igual forma, sujetas a la ley del tiempo. En el río del tiempo, todo surge, se mueve, se desarrolla, se transforma y evoluciona. Cuando surge el despertar del estado de enamoramiento, el telón se levanta y allí se revelan aspectos del otro que hasta ahora pasaron por clandestinos a nuestros radares. Se hace día en todo un territorio de su personalidad que nos era desconocido. De allí nacen las primeras olas de nuestras angustias: ¿Y si esos aspectos de la personalidad del otro vendrían a poner en peligro las festividades del estado fusional que gozábamos hasta ahora? incluso y si supusieran el fin de esta nueva relación?


Este nuevo marco pondrá en marcha los engranajes de nuestra historia psíquica, en la cual se ha forjado nuestra personalidad haciendo emerger nuestros GREMLINS, nuestras carencias, nuestras necesidades insatisfechas, nuestra oscuridad reprimida.


El miedo y la angustia sigilosamente cobran importancia y donde impera el miedo y angustia hay perdida de amor. En presencia del miedo manipulamos y cuando deseamos también manipulamos. Viceversa, en presencia del miedo nos dejamos manipular y en presencia de nuestros deseos nos dejamos manipular como tributo de protección o para saciar una carencia en nosotros. El control y la manipulación es un mecanismo de defensa que permite a ambas personas contrarrestar la angustia de perder el privilegio que la relación les proporciona. De este modo, la relación insidiosamente se convierte en una relación de Dominante-Dominado, en la cual el Dominante se acapara del control y poder de la relación y el Dominado se hace cómplice de su propia alienación, cediendo todo poder al Dominante.


En este juego de poder, el Dominante niega al Dominado su parte de humanidad, su parte de misterio, su parte de intimidad, su parte de sombra y luz para transformarle en un objeto.


Allí, constatamos una contradicción. Por “amor” al otro, le negamos el derecho de SER otro. El otro pierde su “completud” para volverse un menú a la carta en el cual el Dominante se alimenta únicamente de lo que considera importante del Dominado. El Dominado se convierte en materia a la disposición del Dominante. Lo que el Dominante niega del Dominado se convierte en materia desechable y lo que desecha se descompone. En este proceso de alienación, el Dominado se muere. Pero de forma contradictoria, ante la pérdida de materia del Dominado, el Dominante también se muere a fuego lento de su hambre que se hace insaciable. El proceso de evolución y maduración del Ser pasa por transitar en un ámbito incómodo, pasa por salir de nuestra zona de confort. El Dominante, al desgastar toda su energía para erigir un ámbito controlable, predecible, lineal, sin lugar a la libre manifestación del libre albedrio, se convierte cada vez más en materia y menos en energía creadora. A su vez, se convierte también en un objeto.


Los dos salen perdiendo de esta relación disfuncional.


La relación se transforma en un teatro de posesión, de celos, de ataques, de reproches, de disputas y de conflictos incesantes. Este juego se perpetúa porque hay una dependencia mutua. Sin embargo, es una situación tóxica en la cual ambos se agotan. Se secan y se apagan dentro de este cuadro venenoso. Al transformarse en objeto, ambos pierden de su poder magnético.


Es una situación en la cual es difícil salir por lo que requiere un gran discernimiento, una gran vigilancia para entender los programas subyacentes de nuestra personalidad en funcionamiento y que nos gobiernan.


En nuestro programa O>P te ayudamos a entenderte mejor. Es un primer paso decisivo para la toma de conciencia de nuestras disfunciones, nuestros miedos que nos obstaculizan. Es también un primer paso que desemboca en caminos de mayor lucidez y apertura para una relación más sana, que nos alimenta, que eleva nuestro Ser a su propia potencia.


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