La desaparición del perdón


Pasamos la mayor parte de nuestra vida caminando por los senderos del pasado, sin saber por dónde pisamos en el pavimento de nuestro presente y sin saber a dónde vamos. En nuestras prácticas terapéuticas, somos testigos de la pesada carga que soportan nuestros pacientes al mantener y revivir constantemente los eventos pasados. Reconozco este hecho y es fácil escribir sobre esto porque durante la mayor parte de mi vida he hecho lo mismo. Mis pacientes cuentan mi historia. Es como si nos hubiéramos abandonado a nosotros mismos para conceder todo el poder al pasado para definir quiénes somos, determinar cómo pensamos, cómo actuamos y cómo nos sentimos. El pasado es nuestro presente. Está constantemente allí mientras conducimos, en nuestras actividades deportivas, en nuestras tareas diarias, en nuestras conversaciones, incluso en nuestros momentos más trascendentales. A través de nuestra práctica terapéutica cuántica, es posible medir sobre una escala de uno a diez el factor de peso de vivir en el pasado, presente y futuro. En promedio, respectivamente obtuvimos de nuestros pacientes el resultado de 7-8; 2-3; 4-5. Esta fuerte conexión con el pasado nos mantiene como rehenes de las emociones que han surgidos de los eventos ocurridos. Tristeza, arrepentimiento, culpa, fracaso, ira, agresividad, resentimiento, desprecio, auto-odio, sentirse víctima, envidia, miedo, etc. A la larga, esto produce un cambio de frecuencia en la vibración de las partículas de nuestro cuerpo y, por consiguiente, afecta nuestra salud general.

Una de las poderosas herramientas de sanación con las que trabajamos es el perdón. Del latín "Per donare" perdonar sugiera "dar", "soltar" “con insistencia” o “abundantemente”. Desde la perspectiva griega, tiene la connotación de "Liberación". En el estado de perdón, “dejamos ir” la situación o a la persona que sentimos nos ha causado una ofensa. Liberamos a la persona o situación y nos liberamos de cualquier emoción negativa que a veces termina causándonos más dolor que el evento mismo. El perdón consiste en un cambio de actitud y sentimiento. Su objetivo es liberarnos de la carga de las emociones oscuras y su intensidad. Liberándonos de su tiranía, nos hacemos disponibles para recibir nuevas energías inspiradoras y creativas para caminar por el sendero de la vida con absoluta ligereza, en un estado de paz total. A través del perdón, recuperamos nuestra salud mental y física, reduciendo cualquier desorden psicológico o respuesta fisiológica que se origina del estrés. Si ya no me subyugo a la venganza, al sentimiento de inseguridad, a sentirme ofendido, angustiado, amargado, si ya no le doy el poder a mi "ofensor" con mis constantes pensamientos sobre el evento, tengo el control total de la situación, tengo plena autoridad de mí mismo y por lo tanto me empodero. El perdón nos enseña cómo escapar de la cárcel ilusoria en la que "creemos" que estamos (aclararemos este concepto más adelante).

También es importante recordar que el perdón es un clave ingrediente de cualquier relación sana, ya sea una pareja, una amistad, una familia, etc.

El perdón no implica reconciliarse con nuestro ofensor, manifestar una actitud positiva hacia él, ni liberar a esa persona de la responsabilidad de su acto. Tampoco el perdón nos posiciona en una escala de superioridad hacia él. El perdón no significa también olvidar. Se trata de soltar la emoción que nos mantiene encadenado al evento, al pasado o a la persona.

El miedo, el dolor, la tristeza, el desprecio, el odio, la desaprobación condenan, mientras que el perdón es un estado de amor que borra las dolencias de las emociones negativas y eleva nuestra mente a un nuevo estado de conciencia. En un estado cuántico de conciencia, la realidad tal como la percibimos es una ilusión. Una realidad virtual que se desarrolla bajo el prisma de nuestro estado consciente, donde toda adversidad es un lugar de aprendizaje y a donde todo lo que ocurre parte de nosotros. Nuestro estado emocional, mental y espiritual conforma el escenario de nuestra vida. Toda percepción de ofensa es una ilusión y deberíamos reflexionar sobre lo que yace en nosotros que condujo al evento que terminó lastimándonos. Bajo esta perspectiva, todo lo que ocurre es una oportunidad para crecer, una invitación a trascender. Cuando estamos conectados con nuestra verdadera esencia no tenemos que perdonar porque no condenamos. Si el estado de realidad del EGO es una ilusión, ¿por qué me sentiría ofendido por algo que provenga del mundo del EGO y más aún porque condenaría el acto? Tenemos a nuestra disposición un abanico de emociones que nos permitirá vibrar más allá del estado de perdón: Confianza, Coraje, Aceptación, Comprensión, Empatía, Compasión, Ecuanimidad, Amor ...

Pasamos a la práctica. Recuerda un evento que te hace sentir incómodo. ¿Qué estás sintiendo? ¿Qué sensación física en tu cuerpo está provocando este o estos sentimientos? ¿Cómo puedes reinterpretar esta experiencia para liberarte? ¿Cuál es el regalo en la lección aprendida?


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